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viernes, 14 de mayo de 2021

Entrevista


Entrevista con Xabier F. Coronado publicada en el periódico Excelsior

Viernes 14 de mayo 2021


Francisco Gamoneda el Don Quijote librero, precursor de la archivonomía

El asturiano, físicamente parecido al personaje de Miguel de Cervantes Saavedra, era un apasionado de los libros


ROBERTO RODRÍGUEZ REBOLLO


                                        

Su motivación para organizar la historia lo llevó a incursionar en librerías de México, convertirlas en galerías de arte, ordenar archivos y fundar la Escuela Nacional de Bibliotecarios y Archiveros.I
lustración: Horacio Sierra


CIUDAD DE MÉXICO.

Uno de los precursores del término ‘Archivonomía’; fundador de la Escuela Nacional de Biblioteconomía y Archivonomía (ENBA). Francisco Gamoneda es el mentor de la práctica archivística y los archivistas en México, cuya labor ha trascendido hasta la actualidad.

Francisco Gamoneda nació un 14 de mayo de 1873 en lo que antiguamente se conocía como Cangas de Tineo, Asturias, España. Muy pronto su familia se vio en la necesidad de mudarse a Madrid. Después de haber cursado estudios de educación intermedia, a finales del siglo XIX, se dirigió a Filipinas donde sirvió al gobierno filipino que entonces era colonia española. Además, realizó estudios en derecho, con lo que pasó a formar parte de las guerrillas tras darse los primeros movimientos independentistas en aquella región.

Hacia 1899 volvió a España, fue condecorado por el gobierno español con la Cruz al Mérito Militar por su participación activa en las operaciones militares de Filipinas. Dos años después concibió una familia y se dedicó a la edición de algunos libros. Sin embargo, la coyuntura política en España le hizo buscar otros horizontes fuera de aquel país para emprender una aventura en México que duraría más de 40 años.


EL INICIO DE UN LEGADO

Tras dejar a su familia en España, llegó a México en 1909, a probar nuevas oportunidades, donde desarrolló una labor muy importante. Al respecto de la travesía de Gamoneda en nuestro país, Xabier F. Coronado, autor del libro Gamoneda Bibliógrafo, librerías, archivos y bibliotecas, publicado en 2012 en el Fondo de Cultura Económica, en entrevista telefónica para Excélsior dijo que “es tanto lo que ese hombre pudo hacer a lo largo de su vida, no sólo en México, sino en Madrid antes de llegar aquí, donde estuvo metido en todo ese trabajo de hacer libros, y previamente en Filipinas porque allí trabajó como periodista del diario de Manila”.

“Es un autoexiliado que busca un lugar donde haya un sustrato donde pueda desarrollar las ideas que tiene, donde haya una receptividad. Para ese momento, Gamoneda era una persona preparada. México para él es un lugar donde puede desarrollar ese amor por los libros, todo alrededor del libro como instrumento de propagación de cultura y de conocimiento”, recalcó el escritor.

Su círculo cercano lo conocía con el mote de don Quijote, debido a su parecido físico con el protagonista de la famosa obra literaria de Miguel de Cervantes Saavedra.

Durante sus primeros años en la Ciudad de México, Gamoneda se involucró rápidamente en la vida intelectual de la capital. Pronto comenzó a incursionar como librero; labor de la cual se desprende uno de sus más grandes legados en ese rubro: la Librería Biblos.

A decir de Coronado, el asturiano revolucionó el concepto de las librerías en México, ya que para él lo más importante no era vender libros, sino difundir cultura en sentido estricto, modelo que amplió a las bibliotecas, los archivos y museos.

“Las librerías son la primera parte. De 1909 a 1920 se dedica a ser librero en la Ciudad de México de una manera tan impactante para la propia realidad de las librerías mexicanas. Es ahí donde su labor se divide en tres etapas: librerías, archivos y bibliotecas. Esos son los tres ejes que desarrolló en su trabajo en México, cada uno de manera muy amplia”, explicó el especialista.

Al introducir un concepto diferente del que se manejaba en ese momento en las librerías capitalinas, como el hecho de quitar el mostrador y mantener los libros al alcance del público, convirtiéndolas en algo muy parecido a lo que hoy se conoce como faros de cultura. Bajo ese precepto, en las librerías se ampliaron los temas de conversación. Intelectuales de la época como Antonio Caso, Alfonso Reyes y Henríquez Ureña dejaron referencias sobre la labor de Gamoneda en las librerías.


GAMONEDA, EL ARCHIVISTA

La segunda etapa de la obra de Gamoneda en México dio un giro. A partir de 1920, al establecer un primer contacto con los archivos, específicamente en el Archivo del Ayuntamiento, hoy Archivo Histórico de la Ciudad de México, dejó sus primeras huellas como iniciador de la cultura archivística del país.

Sobre el salto que Gamoneda dio de ser librero a los archivos, Coronado sostuvo: “Es una evolución lógica. Lo primero que tiene a la mano son cosas relacionadas con el libro, se mete en el mundo de las librerías. Pero Gamoneda no era un librero en el sentido que se conoce hoy; iba más allá de eso. Al principio se va por las librerías porque sólo ahí podía materializar su idea de que una librería no era sólo una librería sino también una galería de arte”.

Primero como ayudante del área de archivo, después como jefe de la sección de Archivo del Ayuntamiento, los logros del archivista español fueron cuantiosos. La organización efectuada fue completa y precisa. Los elementos técnicos empleados por Gamoneda y su equipo eran innovadores para la época: Incluían la conformación de legajos, así como la encuadernación de los mismos.

El proyecto era integral, pues contemplaba la conformación de una biblioteca y un museo para el Ayuntamiento. Cabe señalar que el mismo Gamoneda realizó las recomendaciones generales para la construcción y adecuación del espacio donde se resguardaría el acervo; observaciones como las medidas de los espacios, tipos de muebles y hasta condiciones para la conservación de los documentos.

“La organización del Archivo Histórico de la Ciudad de México la logra en un año; algo que nadie había hecho en tres siglos. Tuvo la capacidad de reunir un equipo de trabajo de más de veinte personas, con eso consiguió organizar el Archivo Histórico de la Ciudad de México, con un orden. Hasta la fecha existen los libros que encuadernó Gamoneda. Es más, todo está tal como él lo dejó. Eso para mí es un hito en la historia de la Archivonomía a nivel mundial”, reflexionó Coronado.

Alrededor de los esfuerzos realizados durante la atenuante labor, había ciertos puntos que jugaban a favor del éxito en los resultados. El investigador y especialista en la vida de Gamoneda afirmó que “era un gran coordinador de trabajo, tenía la propiedad de contagiar su entusiasmo a la gente que trabajaba con él. Todos se dedicaban, porque todos creían en ello. Todos veían que había alguien detrás que decía lo que había qué hacer y se tenía la idea clarísima, solamente necesitaba al equipo para que le ayudaran a desarrollarlo. Podía conjugar esas virtudes que poseía. Eso se vuelve a repetir durante toda su vida”.

La inauguración del nuevo recinto archivístico se llevó a cabo el 21 de septiembre de 1921, Excélsior lo dio a conocer al recoger las palabras de Herminio Pérez Abreu, quien fungía como presidente municipal del Ayuntamiento: “Al inaugurar este archivo, que desde hoy queda francamente abierto a los historiadores, los arqueólogos, los sociólogos, los poetas y todo aquel que sienta un vivo y natural interés por la emocionante historia de nuestra capital. Me enorgullezco positivamente de esta obra, porque al recoger, clasificar y conservar todos los hechos del pasado se está justificando por sí solo el presente, y se está preparando, con la más alta enseñanza histórica, el glorioso advenimiento de un porvenir lleno de procesos y libertades”.

Sus pasos quedaron marcados en la Secretaría de Hacienda. En 1922 comenzó a organizar el archivo de ese ente gubernamental a la par de su biblioteca.

El autor de la biografía documentada de Gamoneda dijo que “el esquema de trabajo lo repitió creando y fundando el Archivo Histórico y la Biblioteca de Hacienda. Luego lo llamaron y organizó la biblioteca del Congreso de la Unión. Era un hombre que tenía la clave para poder hacer las cosas”.

Respecto a las motivaciones del archivista asturiano, señaló: “Su motivación era organizar la historia, pero no la historia oficial o la que se puede estudiar en una facultad de historia. Sino la historia que deja constancia en un archivo. Yo pienso que su motivación no era más que eso, lo que quería era organizar y no más. Solo pensaba en materializar sus proyectos para beneficio de la comunidad”.


EL ÚLTIMO TRAMO: CREACIÓN DE LA ENBA

Ya casi al final de su trayectoria como organizador de los acervos de algunas de las instituciones más importantes del país, además de un gran recorrido por diferentes tipos de bibliotecas y organizador de ferias del libro, Gamoneda comenzó su labor como docente al transmitir sus conocimientos y experiencias como archivista y bibliotecario.

“Con sus conocimientos crea una metodología para formar una escuela y preparar a una serie de profesionales que pudieran estar a cargo de organizar la memoria. En 1928 escribió ‘Notas sobre Biblioteconomía y Achivonomía’. Para los años treinta organizó cursos de biblioteconomía a distancia, es decir, por correspondencia. Y elabora un plan de estudios dentro de una hipotética escuela de archiveros que quiere echar a andar. En los cuarentas ya daba clases”, sentenció Coronado.

Uno de los momentos cumbre en su carrera como profesional de la información se dio al participar en el Congreso de Bibliotecarios y Archivistas, celebrado en 1944 en el Palacio de Bellas Artes, donde planteó la posibilidad de contar con una instancia educativa enfocada exclusivamente en contar con mejores archivos y bibliotecas. La iniciativa tuvo frutos y en 1945 nació la Escuela Nacional de Bibliotecarios y Archiveros (ENBA), cuya primera sede fue el Palacio de Bellas Artes, institución donde Gamoneda se dedicó a dar clases los últimos años de su vida.

Coronado menciona en su libro que Francisco Gamoneda falleció a las 8:30 de la mañana del 19 de julio de 1953 en su casa de la Ciudad de México, ubicada en Río Rhin 12. El certificado de defunción determinaba la insuficiencia cardíaca como causa.

“Agustín Yáñez dijo sobre Gamoneda: “¿Cuánto deben a Francisco Gamoneda el espíritu y la cultura de México? Nadie podrá saberlo”, dijo Xabier F. Coronado.

Gamoneda es un personaje poco conocido, no era una persona especializada. Todo lo que tuviera que ver con la cultura lo hacía propio. Durante sus múltiples facetas, escribió publicaciones sobre archivos y bibliotecas. Se desarrolló en el ámbito cultural del país mediante la promoción de la Archivonomía, como práctica indispensable.

Hoy día, el Centro de Documentación Francisco Gamoneda, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, es un proyecto que en 2004 abrió sus puertas al público.

El trabajo de archivistas y bibliotecarios cobra relevancia en la medida que se dignifica su labor profesional. Razón por la cual vale la pena reflexionar acerca de su legado al gremio olvidado.

















https://www.excelsior.com.mx/nacional/francisco-gamoneda-el-don-quijote-librero-precursor-de-la-archivonomia/1448811

sábado, 21 de septiembre de 2013

Entrevista en El Financiero

Francisco Gamoneda: Hombre revolucionario



Silvina Espinosa de los Monteros



Entrevista en el periódico EL FINANCIERO

Cultura - Martes, 17 de Septiembre de 2013


 archivox
 [Xabier F. Coronado rescata del olvido la figura de este sobresaliente asturiano, que se convirtió en el primero en sistematizar la clasificación de los archivos históricos / Cuartoscuro]


Gamoneda bibliógrafo / Librerías, archivos y bibliotecas (FCE) es el título del volumen escrito por Xabier F. Coronado, en el que rescata del olvido la figura de un sobresaliente asturiano que arribó a México en 1909 para convertirse en el primero en sistematizar la clasificación de los archivos históricos de instituciones gubernamentales, experiencia que dio pauta para realizar el diseño curricular de la que, a la postre, sería una carrera profesional en la Escuela Nacional de Bibliotecarios y Archivistas, donde impartió cátedra hasta su muerte en 1953.

Bibliotecólogo, librero, archivista, divulgador cultural, profesor; pero, sobre todas las cosas, amante de los libros y hombre de trabajo, Francisco Gamoneda (Cangas de Tineo, Asturias, 1873-Ciudad de México, 1953) revolucionó casi todas las actividades en las que su espíritu inquieto estuvo inmerso.

-¿Considera que este volumen salda la cuenta pendiente que teníamos con este ser excepcional? -preguntamos al investigador de origen español Xabier F. Coronado.

-Ése fue el objetivo principal de mi investigación. Cuando tuve conocimiento de la magnitud de su obra, me di cuenta de que aquí se le debía ese reconocimiento.

-¿A qué viene Gamoneda a México en 1909?

-Tras haber combatido contra los norteamericanos en Filipinas y haber sido condecorado por ello en su país natal, él llega a México para ver si puede hacer algo en el ámbito de las librerías. Se pone en contacto con Enrique del Moral, quien era dueño de la Librería General, y, con el tiempo, acaba por revolucionar el concepto de las librerías. La propia Librería General (que estaba en la calle 16 de septiembre) era un recinto cerrado, como una tienda de abarrotes. Gamoneda lo que hace es abrir los espacios, pone mesas para leer, provee de un auditorio y organiza foros; es decir, también inaugura la idea de centro cultural. Hizo todo esto en dicho lugar, y luego en la Librería Biblos (en Bolívar 22). Ambos fueron centros de debate muy importantes para la época.

-Francisco Gamoneda es un hombre revolucionario en muchos sentidos, ¿cómo lo define usted?

-Si hubiera que hacerlo con una sola palabra, yo diría que era una persona de trabajo. De aquellas que se motivan con lo que hacen, se dedican a eso de cuerpo entero y casi nunca buscan reconocimiento público. En estos momentos tenemos muy olvidado a Gamoneda, pero de 1946, y hasta su muerte, en 1953, fue muy reconocido. Se podría decir que fue un coordinador de voluntades y, además, predicaba con el ejemplo; ésa es la única manera que tengo de explicar que haya podido hacer todo lo que hizo.


-¿De qué manera ingresa a la organización de archivos gubernamentales?

-Tras su experiencia como librero, en 1920 Gamoneda participa en el Congreso Nacional de Ayuntamientos y, poco después, lo nombran jefe de la Sección de Archivo del Ayuntamiento; ahí durante un año intensivo hace, junto con su equipo, lo que no se había hecho en tres siglos: organiza el Archivo Histórico de la Ciudad de México, funda la primera biblioteca del Ayuntamiento, y sienta las bases para lo que sería un museo. Todo esto, en lo que hoy es el Palacio de Gobierno del DF. Aquí cabe señalar que cuando Gamoneda organizó ese archivo también se encargó de encuadernar los legajos y de clasificar los materiales bajo un sistema que, 80 años después, sigue dando servicio a quienes van a consultar los documentos.

-¿Cómo realizó está clasificación?

-Gamoneda sistematizó la manera de clasificar los documentos. Una cosa extraña porque fue con el sistema decimal, que es utilizado por las bibliotecas; pero él lo trasladó a la forma de organizar archivos.

-¿Fue intuitivo?

-No; a pesar de que fue autodidacta, estaba muy bien preparado. Después de ese resultado, lo llamaron para organizar el archivo de la Secretaría de Hacienda, donde pasa los siguientes ocho años, hasta 1929. Como lo había hecho antes, ahí también organiza lo que se llama la Primitiva Biblioteca de Hacienda, que actualmente funciona con el nombre de Fondo Histórico de Hacienda. Gamoneda organizó la distribución de los espacios, la manera en que entraba la luz, el mobiliario, e, incluso, trajo los anaqueles, porque deseaba que fuera una reproducción del diseño de la Biblioteca del Escorial en Madrid.

-¿Existe alguna frase o máxima que sintetizara su afán bibliómano?

-Hay una cosa muy entrañable. Cuando yo comencé la investigación me fui a la biblioteca de Hacienda, laMiguel Lerdo de Tejada, a buscar libros en el acervo; ahí me encontré volúmenes de la biblioteca personal de Gamoneda, que su viuda donó a ese lugar, los cuales tenían un ex libris en latín, cuya traducción al español dice: “En época de prosperidad la erudición es un ornamento; en época de adversidad, un refugio.” Él fue un gran difusor del libro y la lectura, como manera de transmitir el conocimiento.

Tan así es que al salir de Hacienda, el Departamento del DF llamó a Gamoneda para organizar una red de bibliotecas populares en la ciudad. En total fueron 16. Pero lo más espectacular, a decir de Xabier F. Coronado, fue que diseñó un edificio de fácil construcción, que luego reprodujo en las distintas delegaciones.

Por si le hubieran faltado cosas por hacer, este asturiano también fue fundador y principal promotor del Grupo Ariel, que durante más de una década organizó actividades culturales en distintas sedes históricas y arqueológicas; dio clases en la escuela de archivistas de la Secretaría de la Defensa Nacional y organizó la Escuela de Bibliotecarios del Congreso de la Unión. Durante los últimos años de su vida se dedicó a transmitir sus conocimientos a los alumnos de la institución que profesionalizó todos estos conocimientos: la Escuela Nacional de Bibliotecarios y Archivistas. Así que él fue impulsor del desarrollo de la archivología y la biblioteconomía en México.

“Francisco Gamoneda —concluye el investigador— es uno de los grandes pioneros en todos estos ámbitos. Y, honestamente, mi libro ha querido mostrar su legado; también, constituirse como referencia para futuras investigaciones, ya que aún queda mucho por saber de él.”