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domingo, 27 de octubre de 2019

Diego de Ordaz y la ascensión de los conquistadores al Popocatépetl




Publicado en Noticonquista. Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)

Domingo, 27 de octubre 2019

Diego de Ordaz y la ascensión de los conquistadores al Popocatépetl


Xabier F. Coronado 





El escudo de armas del capitán luce el cono del volcán Popocatéptl, porque él fue el primero de los españoles que pisó la nieve de la cumbre. Aquel día estuvo tan alto que a través de los torbellinos de ceniza veía las espaldas de las águilas y veía la ciudad de Tenochtitlán temblando en la laguna.

Eduardo Galeano (“Diego de Ordaz” Memoria del fuego)





Dentro del marco histórico de la conquista de México, los sucesos que se comentan esta semana en Noticonquista tuvieron lugar antes de la primera entrada de los españoles en Tenochtitlan. Se trata de la ascensión que realizó al volcán Popocatépetl un reducido grupo de conquistadores.
Si se investigan las fuentes documentales encontramos que los datos concretos sobre este hecho son escasos. Bernal Díaz del Castillo en su libro de memorias, Historia verdadera de la conquista de Nueva España, un texto imprescindible para conocer los pormenores de lo sucedido durante la conquista de México, nos relata cómo se fraguó y llevó a cabo el osado ascenso al volcán emprendido por los conquistadores. A propuesta de Diego de Ordaz, uno de los capitanes de su ejército, Hernán Cortés dio autorización para hacer el intento de subir a la cima de la alta montaña que habían visto humear en la lejanía desde su llegada al continente y que estaba cada vez más cercana a medida que avanzaban hacia su destino: la gran Tenochtitlan, ciudad capital del imperio mexica.
En su crónica, Bernal Díaz del Castillo refiere que estando en Tlaxcala, los españoles preguntaron sobre la montaña que echaba fuego y humo, les informaron que se llamaba Popocatépetl, que significa ‘montaña humeante’. Bernal, entonces soldado del ejército conquistador, cuenta que, “un capitán de los nuestros que se decía Diego de Ordás tomole codicia de ir a ver qué cosa era y demandó licencia a nuestro general para subir a ella, la cual licencia le dio, y aun de hecho se lo mandó, y llevó consigo dos de nuestros soldados y ciertos indios principales de Guaxocingo.”
Los tlaxcaltecas condujeron la expedición hasta la base del volcán y advirtieron a los extranjeros que no intentaran subir pues los dioses de la montaña los destrozarían. Bernal prosigue relatando el desarrollo de los hechos: “Y todavía el Diego de Ordás, con sus dos compañeros, fue su camino hasta llegar arriba, y los indios que iban en su compañía se le quedaron en lo bajo, que no se atrevieron a subir. Y parece ser, según dijo después el Ordás y los dos soldados, que al subir, comenzó el volcán de echar grandes llamaradas de fuego y piedras medio quemadas y livianas y mucha ceniza, y que temblaba toda aquella sierra y montaña adonde está el volcán, y que estuvieron quedos sin dar más paso adelante hasta de ahí a una hora, que insistieron que había pasado aquella llamarada y no echaba tanta ceniza ni humo, y que subieron hasta la boca, que era muy redonda y ancha, y que habría en el anchor un cuarto de legua, y que desde allí se veía la gran ciudad de México y toda la laguna y todos los pueblos que están en ella poblados.”
Tras la aventura, Diego de Ordaz y sus compañeros retornaron deslumbrados por haber contemplado el esplendor del valle y la ciudad de México. Al verlos llegar de regreso, “los indios de Guaxocingo y los de Tascala se lo tuvieron a mucho atrevimiento. Y cuando lo contaban al capitán Cortés y a todos nosotros, como en aquella sazón no lo habíamos visto ni oído como ahora, que sabemos lo que es, nos admiramos entonces dello.”
Hernán Cortés en sus Cartas de relación al emperador Carlos I, refiere el hecho con estas palabras: “Cerca de las provincias de Tascaltecal y Guajocingo había una sierra redonda y muy alta de la cual salía casi a la continua mucho humo, que iba como una saeta derecho hacia arriba. Y porque los indios nos daban a entender que era cosa muy mala y que morían los que allí subían, yo hice a ciertos españoles que subiesen y viesen de la manera que la sierra estaba arriba. […] y con algunos naturales de la tierra que los guiasen y les encomendé mucho procurasen de subir la dicha sierra y saber el secreto de aquel humo, de dónde y cómo salía. […] y subieron hasta llegar a la boca de la sierra donde sale aquel humo, […] y allí alrededor hallaron algún azufre de lo que el humo expele. […], y los indios nos tuvieron a muy gran cosa osar ir adonde fueron los españoles. […]Y yendo a ver esta sierra, toparon un camino y preguntaron a los naturales a dónde iba y dijeron que a Culúa y que aquél era buen camino hasta encumbrar las sierras, por medio de las cuales entre la una y la otra va el camino y descubrieron los llanos de Culúa y la gran ciudad de Temixtitan y las lagunas que hay en la dicha provincia, […] y vinieron muy alegres por haber descubierto tan buen camino y Dios sabe cuánto holgué yo de ello.”
No estaba equivocado Cortés sobre la importancia de lo relatado por Ordaz y sus compañeros. Intuía que tanto el descubrimiento del paso entre las montañas como el reporte de que había azufre en el volcán, determinarían en el resultado final de la conquista. Por un lado, ese camino, que llegó a llamarse Paso de Cortés, fue la ruta histórica de acceso a Tenochtitlan que utilizaron los españoles para entrar por primera vez en la ciudad aquel otoño de 1519; y por otro, la existencia de azufre les abría la posibilidad de elaborar pólvora para abastecer sus armas de fuego, con este propósito dos años después, una nueva expedición extrajo azufre de la cima del Popocatépetl.
No tenemos la versión de los tlaxcaltecas sobre el ascenso de los conquistadores al volcán pero en los relatos de Bernal Díaz del Castillo y Hernán Cortés se subraya la admiración que les provocó la gesta de Diego de Ordaz y sus compañeros. De la reacción de los nativos se deriva una tercera consecuencia del hecho: con la subida al Popocatépetl los españoles desmitificaron las creencias que sobre el volcán tenían los habitantes de la comarca y reforzaron los argumentos que sostenían la percepción de que los conquistadores eran como dioses.
El personaje principal de esta historia, el capitán Diego de Ordaz, había llegado a las Indias muy joven. En 1508 viajó en la expedición de Alonso de Ojeda a la costa norte del continente sudamericano y acompañó en su último viaje al navegante y cartógrafo Juan de la Cosa. Posteriormente, Ordaz se unió a la conquista de Cuba donde estuvo con Bartolomé de las Casas, Pánfilo Narváez y el resto de invasores de la isla, llegó a ser cercano colaborador del gobernador Diego Velázquez de Cuéllar. A instancias de éste, Ordaz se alistó en la expedición de Hernán Cortés a México siendo uno de los capitanes más activos hasta que fueron expulsados de Tenochtitlan durante la llamada ‘Noche triste’. Después de la derrota, Cortés envía a Diego de Ordaz como embajador a España para informar al emperador sobre lo que estaban haciendo en México y obtener el aval de la corona.
Cuando Ordaz regresó ya se había conquistado gran parte del actual territorio mexicano y se le concedieron encomiendas en Tepoztlán y Huaxocingo. También encabezó expediciones a Coatzacoalcos y Oaxaca. En 1527, Diego de Ordaz vuelve a España y el emperador le concedió poder incluir en su escudo de armas la imagen del volcán humeante como reconocimiento a su hazaña, también se hace merecedor del hábito de Santiago y se le otorga la gubernatura del río Marañón. Con una gran flota Ordaz remontó el Orinoco, llegó hasta el río Meta y retornó a la costa diezmado de hombres y barcas. En  1532 emprendió viaje regreso a España y a los pocos días de embarcar, según relata el capitán del navío, el comendador Diego de Ordaz se enferma y muere. Su cuerpo fue arrojado al mar.
La subida al volcán Popocatépetl, aparte de las crónicas referidas, nunca ha sido dramatizada en novelas o relatos. En el año 2015, los directores de cine, Yulene Olaizola y Rubén Imaz, rememoran el hecho al filmar un guion cinematográfico basado en crónicas de la época y en posteriores estudios biográficos y lingüísticos sobre el personaje. El resultado es la película. Epitafio, que fue estrenada y seleccionada en festivales internacionales obteniendo premios en el FICUNAM y en el Festival de Cine de la Riviera Maya, también fue nominada a dos Arieles por la fotografía y el vestuario.


Personalmente tuve la oportunidad de encarnar el papel de Diego de Ordaz en la película y de colaborar en el guion aportando fuentes y datos. La mayoría de los diálogos están extraídos literalmente de libros y documentos históricos que se consultaron durante la búsqueda información. El guion fue producto de un amplio trabajo de investigación sobre el personaje y los hechos que se relatan.

Una de las características de esta cinta es que fue rodada en escenarios naturales. La primera semana se realizó en el Popocatépetl subiendo hasta cuatro mil trescientos metros; las tres semanas siguientes fueron rodadas en el Citlantépetl o Pico de Orizaba, donde el último campamento se instaló a cinco mil metros. Quizás sea una de las películas de ficción rodada a más altitud de la historia del cine.



En definitiva, Diego de Ordaz fue el primer europeo que cruzó el paso entre los volcanes, contempló la inconcebible ciudad de Tenochtitlan desde la distancia y subió una montaña de más de cinco mil metros de altura. Estos hechos, acaecidos hace quinientos años, quedaron ocultos dentro de la turbulenta serie de acontecimientos recogida en las crónicas que relatan el desarrollo de la conquista de México.






Para citar:
Xabier F. Coronado, Diego de Ordaz y la ascensión de los conquistadores al Popocatépetl, México, Noticonquista, http://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/1795/1780. Visto el 27/10/2019

domingo, 31 de enero de 2016

Biblioteca Popular Circulante de Castropol (BPCC)



Publicado en Revista Mexicana de Ciencias de la Información


Biblioteca Popular Circulante de Castropol (1922-1936)

Una Red de Bibliotecas al servicio del pueblo



Xabier F. Coronado





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lunes, 9 de diciembre de 2013

Clarice Lispector, publicado en Chile.



Clarice Lispector o la necesidad de escribir

 

Xabier F. Coronado

 

Publicado en la revista chilena de literatura OJO SECO (http://ojoseco.cl/); el 9 de diciembre de 2013




Escribir es una maldición, pero una maldición que salva.
Clarice Lispector
Hay escritores que llegan a la literatura por necesidad, no por una necesidad de prestigio o material, sino por necesidad vital, porque escribir es para ellos como respirar. Este tipo de autores deja en sus obras una marca, un estigma que se descubre al explorar líneas y párrafos, porque sus textos tienen algo más que palabras unidas y enlazadas de forma coherente, al leerlos se siente un trasfondo que inquieta y atrae como un abismo, una puerta abierta al misterio que se crea cuando la literatura se practica como razón de ser. Son escritores por naturaleza y viven la literatura como una condena que, casi siempre, cumplen con satisfacción porque son conscientes de que sólo a través de la palabra escrita pueden encontrar el sentido de su existencia.
Entre esta clase escritores se encuentra Clarice Lispector, una autora que confiesa que, para ella, escribir, “es una maldición porque obliga y arrastra como un vicio penoso del cual es casi imposible librarse, pues nada lo sustituye. Y es una salvación. Salva el alma presa, salva a la persona que se siente inútil, salva el día que se vive y que nunca se entiende a menos que se escriba.”1
A la narradora brasileña —que cada mes de diciembre tiene sus aniversarios de nacimiento, el día diez, y muerte, el nueve— le faltó un día para cumplir cincuenta y siete años, edad suficiente para dejarnos una obra literaria completa y original que, para ella misma, ya había cumplido su ciclo: “Si todavía escribo, es porque no tengo nada más que hacer en el mundo mientras espero la muerte.”2.

Literatura desde lo íntimo del ser

Escribo para mí, para sentir mi alma hablando y cantando, a veces llorando…
Clarice Lispector
Clarice Lispector (1920-1977), es una escritora por naturaleza que muy pronto sintió la necesidad de escribir. Desde niña enviaba sus cuentos a la página infantil del Diario de Pernambuco pero no se los publicaban porque, “ninguno contaba realmente un cuento con los hechos necesarios para un cuento. Yo leía los que publicaban ellos, y todos relataban un acontecimiento.”3
Las historias de Clarice, no poseían un hilo narrativo, sólo describían sensaciones. Esta tendencia a la introspección es el eje fundamental de una obra literaria que busca transcribir el lenguaje que se produce en lo más íntimo del ser, “me adiestré desde los siete años para tener un día la lengua en mi poder.”4
La narrativa de Clarice Lispector se enfoca en examinar la esencia íntima y profundizar la vivencia interna. Esta decisión conlleva la difícil tarea de encontrar las palabras que materialicen en el plano literario el intangible mundo interior: “Hay muchas cosas por decir que no sé cómo decir. Faltan las palabras. Pero me niego a inventar otras nuevas: las que existen deben decir lo que se consigue decir y lo que está prohibido.”5.
Una literatura de introspección que trasciende lo psicológico para transformarse en metafísica; sorprende que la autora apueste por la sencillez, por la palabra sobria: “Escribo muy simple y muy desnudo. Por eso hiere”; que exige, sobre todo, claridad y práctica: “No se equivoquen: la sencillez sólo se logra a través del trabajo duro”6. El resultado es un producto difícil de encasillar en un estilo determinado, que posee una fuerza literaria que atrae desde el primer momento. Además, a través de ese no-estilo siempre inquisitivo, sus libros se convierten en verdaderos tratados poéticos de educación existencial dictados desde lo más íntimo del ser.

Una obra original

Lo que te estoy escribiendo no es para leer, es para ser.
Clarice Lispector
Cuando aparece su primera novela, Cerca del corazón salvaje, Clarice Lispector ya había publicado algunos cuentos y artículos en revistas y periódicos. El libro, galardonado con el premio Graça Aranha a la mejor novela publicada en 1943, llama la atención de escritores como Lauro Escorel, que ve en la joven autora, “una novelista excepcional”, y Antonio Candido, que destaca, “su valentía para experimentar en terrenos poco explorados”. Se trata de una novela diferente porque rompe con la tradición literaria brasileña, dominada hasta entonces por dos tipos de narrativa, una de ámbito regional, realista y de costumbres, y otra de carácter social.
Clarice termina sus estudios de Derecho en la Universidad de Río de Janeiro en 1943 y contrae matrimonio con un diplomático; comienza entonces una etapa que la lleva a vivir en Europa, primero en Italia y luego en Suiza e Inglaterra. Durante este periodo publica dos novelas, La araña (1946) y La ciudad sitiada (1949), escrita durante su estancia en Berna; y una primera recopilación de relatos, Alguns contos (1952).
En 1959, después de tener dos hijos y vivir durante ocho años en Washington, se separa de su marido, regresa a Río y escribir se convierte en su ocupación fundamental. Colabora en distintos periódicos y publica un excelente libro de relatos, Lazos de familia (1960), que recibe el premio de la Cámara Brasileña del Libro; después publica una novela muy elaborada, La manzana en la oscuridad (1961), premiada como mejor libro del año; y un nuevo volumen de cuentos, La legión extranjera, (1964). Inmediatamente aparece su novela más conocida, La pasión según G.H. (1964), un relato inquietante y experimental: “¿Existo? ¿Es ésta la intensidad que me lo puede comprobar? Si al menos encontrase a otra, ya que no me encuentro a mí misma…”7.
A partir de entonces, Clarice Lispector entra en la madurez literaria y desarrolla su maestría en una serie de obras de difícil clasificación donde nos encontramos libros infantiles: O mistério do coelho pensante (1967), A mulher que matou os peixes (1968), y La vida íntima de Laura (1974); novelas: Aprendizaje o El libro de los placeres (1969) ―definida como un canto al amor―, y Agua viva (1973) ―un texto extraño e interesante, intimista y lleno de confesiones―; colecciones de relatos: Felicidad clandestina (1971), La imitación de la rosa (1973), Onde estivestes de noite (1974); y un libro de narraciones eróticas: Vía Crucis del cuerpo (1974).
Antes de su muerte, publica una de sus mejores novelas, La hora de la estrella (1977), donde narra por vez primera una historia lineal. De manera póstuma, aparecen media docena más de libros que recopilan relatos y escritos inéditos; entre ellos otra novela, Un soplo de vida (1978), y dos relevantes volúmenes epistolares, Cartas perto do coração (2001) y Correspondências (2002).
Clarice Lispector también ejerció el periodismo, desde su ingreso en la Agência Nacional, en 1940, escribió multitud de artículos y entrevistas para diferentes medios. Entre agosto de 1967 y diciembre de 1973, publicó un artículo semanal en el Jornal do Brasil, la mayoría fueron recopilados en, A descoberta do mundo (1984), que en español se editó en dos volúmenes: Revelación de un mundo, 2004 y Descubrimientos, 2010 (Ed. AH, Buenos Aires); en ellos nos encontramos una autora que aborda temas de actualidad, sucesos cotidianos y preocupaciones personales. Son crónicas que tienen su inconfundible sello y muestran la parte más desconocida de su producción literaria.
En esta amplia obra, en la que también hay poesía, destaca la perspectiva original y sutil que plantea en sus textos. En ellos, la magia de lo cotidiano se hace presente y hechos aparentemente banales producen situaciones catárticas para sus personajes.

Influjos literarios

Nosotros los que escribimos, apresamos en la palabra humana un gran misterio.
Clarice Lispector
A una forma de escribir tan personal es difícil encontrarle esas influencias que siempre se buscan en la obra de cualquier autor. Sabemos que su libro preferido en la infancia fue, Reinações de Narizinho, de Monteiro Lobato, y que los autores leídos en la adolescencia fueron, entre otros, Rachel de Queiroz, Machado de Assis, Eça de Queiroz, Jack London, Dostoievski. Al indagar más a fondo, encontramos que la propia autora manifiesta que entró en contacto con la “gran literatura” al leer El lobo estepario, y comenta: “De los trece a los catorce años fui germinada por Hermann Hesse.”8
Posteriormente se sintió identificada con Katherine Mansfield que, sin duda, fue su maestra en el relato breve, género en el que Lispector consigue sus mejores páginas. La crítica apunta otros nombres como James Joyce, Virginia Wolf y Julien Green. De Joyce, además de compartir la fascinación por el monólogo interno, la autora toma el título de su primera novela del Retrato del artista adolescente; con la escritora inglesa, confluye en el enfoque introspectivo y la visión de que los sucesos ordinarios pueden ser determinantes; y con el autor francés, converge en la profunda preocupación por la vida interior. También ha sido comparada con Chejov, Sartre o Graciliano Ramos y enmarcada dentro de la literatura existencialista.
La obra de Lispector es muy particular y de difícil clasificación. La crítica la ubica en la tercera fase del modernismo, en la generación brasileña del 45. Si bien es una escritora cada vez más estudiada y valorada, falta enmarcarla dentro de un contexto internacional. Clarice Lispector no fue, en vida, una autora muy leída fuera de Brasil y aunque ella siempre manifestó estar enamorada de su idioma, “esta es una confesión de amor: amo la lengua portuguesa”9, hay quien dice que escribir en portugués supuso una barrera para conseguir la proyección internacional que su obra merecía. El problema real es que siempre ha existido una falta de comunicación entre las literaturas iberoamericanas, que parece ir solventándose con el creciente interés editorial, sobre todo en Argentina y España, por la literatura brasileña. Actualmente, gracias a las excelentes traducciones de sus libros y a ese esfuerzo editorial, Clarice Lispector es una autora reconocida entre los lectores de habla hispana y su obra ha influido en muchos escritores latinoamericanos.


Relación ambivalente

Escribo como si fuese a salvar la vida de alguien. Probablemente mi propia vida.
Clarice Lispector
Clarice Lispector nos dejó muchos textos y algunas entrevistas que revelan su especial conexión con la literatura. En sus libros descubrimos un verdadero manifiesto sobre su relación con la palabra escrita, un vínculo que cambia a medida que su obra cobra madurez: De la confusión: “¿Dónde está lo que quiero decir, dónde está lo que debo decir?”10; la admiración: “Al escribir me doy las más inesperadas sorpresas. Es en la hora de escribir que muchas veces me vuelvo consciente de cosas que no sabía que sabía”; y el entusiasmo: “Escribo porque me resulta un placer que no puedo traducir”11; pasa a la decepción y el desánimo: “En cuanto al hecho de escribir digo, si le interesa a alguien, que estoy desilusionada. Escribir no me ha traído lo que yo quería, es decir, paz.”12
Este proceso refleja una relación ambivalente con la literatura que se podría sintetizar en esta frase extraída de una de sus crónicas: “Recuerdo ahora con nostalgia el dolor de escribir libros.”13 



1 Entrevista con Julio Lender en el programa “Panorama” de la TV2 brasileña (1/2/1977).
2 A hora da estrela, 1977 (La hora de la estrella, traducción: Ana Poljak; Siruela, Madrid, 2001).
3 “Había una vez” Del libro de crónicas, Para não esquecer, 1978 (Para no olvidar, traducción: Edgar Stanko; el Cuenco de Plata, Buenos Aires, 2011).
4 “Espacio”, en Para não esquecer.
5 Água Viva, 1973 (Agua viva, traducción y prólogo: Florencia Garramuño; El Cuenco de Plata, Buenos Aires, 2010)
6 Um Sopro de Vida, 1978 (Un soplo de vida (pulsaciones), traducción: Mario Merlino; Siruela, Madrid, 1999).
7 A Paixão segundo G.H., 1964 (La Pasión según G.H, traducción: Juan García Gayo; Monte Ávila Editores, Caracas, 1969).
8 Lispector, C., «Entrevista – 20 de Outubro, 1976» en A Paixão Segundo G.H., Ed. Crítica, Coleçao Arquivos, Brasília, 1988, pág 298.
9 “Declaración de amor”, en Revelación de un mundo, traducción: Amalia Sato; Adriana Hidalgo Editora, Buenos Aires, 2004. Un libro que reúne las crónicas que la escritora brasileña publicó semanalmente en el “Jornal do Brasil” entre 1967 y 1974.
10 Perto do Coração Selvagem, 1944 (Cerca del corazón salvaje, traducción: Teresa Arijón y Bárbara Belloc, El Cuenco de Plata, Buenos Aires, 2011).
11 Descubrimientos, Crónicas inéditas, traducción y prólogo de Claudia Solans. Adriana Hidalgo Editora, Buenos Aires, 2010.
12 A Descoberta do Mundo, 1984 (Revelación de un mundo, traducción: Amalia Sato; Adriana Hidalgo Editora, Buenos Aires, 2004).
13 Descubrimientos, op.cit.



ENLACE:  http://ojoseco.cl/2013/12/clarice-lispector/

lunes, 2 de septiembre de 2013

Ensayo: el gatopardismo de la existencia



El gatopardismo de la existencia


Xabier F. Coronado




La Jornada Semanal, 1 de septiembre de 2013













■ xabier f. coronado







Lampedusa con uniforme militar en 1920 y de 6 años, en 1903
Fotos: omne-pulchrum-amabile.blogspot



Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie. ¿Me explico? […] ¿Y qué ocurriría entonces? ¡Bah! Negociaciones punteadas con inocuos tiros de fusil, y luego todo seguirá lo mismo, pero todo estará cambiado. (…) Una de estas batallas en las que se lucha hasta que todo queda como estuvo.
Giuseppe Tomasi di Lampedusa: El gatopardo

Entre las consecuencias de la relación de la literatura con el lenguaje encontramos un fenómeno poco habitual: la aparición de palabras que expresan ideas originales o conceptos que no tenían un término específico para denominarse. Este hecho se produce cuando de la literatura deriva un vocablo nuevo que comienza a ser utilizado en el lenguaje, hablado o escrito, y luego se normaliza. Estos neologismos pueden proceder directamente del nombre de los escritores o desprenderse del título de obras literarias determinadas.

Es común decir que algo es “kafkiano” cuando se asemeja al ambiente descrito en las obras de Franz Kafka; “sadismo” o “sádico” son términos utilizados para hablar de comportamientos que el Marqués de Sade detalló en sus libros. Otras expresiones como “quijotesco”, “quijotismo” y “maquiavélico” son también ejemplos de palabras que la literatura aporta al lenguaje.

En la misma categoría se encuentra otro vocablo que, con poco más de medio siglo de existencia, se ha extendido de manera generalizada: “gatopardismo”. Este término, que en su origen fue utilizado en el ámbito del análisis político, surge del título de la obra El gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957).
Gatopardismo político y dinámica lampedusiana

Todo esto no tendría que durar, pero durará siempre. El siempre de los hombres, naturalmente, un siglo, dos siglos... Y después será distinto, pero peor.
Giuseppe T. di Lampedusa El gatopardo

De la lectura de El gatopardo (1958) –novela póstuma y única de su autor– se desprende con claridad una idea precisa que emana de los hechos relatados por Lampedusa: en ocasiones es necesario cambiar ciertas cosas para que todo siga igual. En la Enciclopedia de la política, de Rodrigo Borja (FCE, 1998), el ex presidente ecuatoriano apunta que “gatopardismo” se utiliza «para señalar la actitud de cambiar todo para que las cosas sigan iguales, tal como lo proclama reiteradamente el personaje de la novela, en el marco del pacto con el enemigo político tradicional».

Ese patrón estratégico, expuesto de manera magistral por el escritor siciliano, se denominó gatopardismo, un término utilizado sobre todo en sociología política para referirse a una táctica empleada por las clases dominantes con el objetivo de conservar sus privilegios. Posteriormente, comenzó a usarse de forma habitual hasta ocupar un lugar común en los medios de comunicación. Basta con realizar una búsqueda en publicaciones impresas y digitales para comprobar que es una palabra que se emplea con relativa frecuencia a la hora de tratar cualquier tema.

En suma, al cumplirse cincuenta y cinco años de la aparición de la novela, el concepto está asimilado y el término gatopardismo bastante extendido. Menos utilizado es el adjetivo lampedusiano, que deriva del nombre del autor de El gatopardo y se refiere a la misma idea.

Hay mucho de maniobra política en el gatopardismo, sobre todo cuando se vincula a individuos que luchan por mantenerse en el poder o al propio sistema cuando necesita simular cambios con el fin de preservar su dominio. Pero el concepto da para más, trasciende el marco político y podemos aplicarlo para referirnos a nuestra manera de vivir y relacionarnos como individuos.

Las formas básicas de organización y funcionamiento de la sociedad humana son más antiguas que las ideologías políticas. Aunque en diferentes épocas se hayan presentado cambios que parecen significativos, nuestras formas de vida y relación se perpetúan en lo esencial. El término “lampedusiano” se ajusta más para denominar ese mecanismo que hace que nuestro proceso existencial como individuos se mantenga casi inalterable a lo largo de la historia. Lo inquietante es que la dinámica lampedusiana que se repite en nuestras vidas parece ejercer como freno evolutivo, pues se aferra a viejos hábitos y costumbres que bloquean la búsqueda de una visión más equilibrada de nuestra existencia terrenal.

La civilización y el progreso son gatopardistas, como los políticos en turno y las clases privilegiadas. El desarrollo humano sobre el planeta mantiene una dinámica lampedusiana y tendrá un final por saturación cuando se haga materialmente insostenible. Ese proceso, en el que estamos todos involucrados, nos atrapa. Vivimos en un estado de autoengaño y desconocemos el sentido real de las cosas hasta el punto de ignorar que el mundo es perecedero y circunstancial. Lo lampedusiano alude a una actitud humana, como individuos y como sociedad, que penetra el proceso evolutivo existencial.

En la actualidad se impone un ideal consumista, propuesto desde la economía occidental, que afecta a todo el planeta. En apariencia vivimos en una sociedad más justa e igualitaria, pero en la práctica ocurre todo lo contrario: una vuelta más en la espiral lampedusiana. Lamentablemente vamos a peor; esta certeza aciaga de un resultado final negativo también es revelada en El gatopardo con una sentencia clara y precisa que no necesita comentario: “E dopo sarà diverso, ma peggiore”, es decir, “y después será diferente, pero peor”.

En la historia de la humanidad, las maneras de relacionarse se repiten con ciertos matices que las hacen parecer nuevas, aunque nada cambie esencialmente. Si recapacitamos sobre un tema cotidiano como la violencia, nos damos cuenta de que es igual la primitiva tibia de Kubrick en 2001: una odisea del espacio, que el misil nuclear; la idea es la misma: un arma que se utiliza para dominar, agredir y matar. Obviamente cambian los métodos, pero no los modelos de conducta. El desarrollo científico y tecnológico es un ejemplo más de aparente cambio continuado sin transformaciones positivas. Prevalecen las dudas sobre las certezas: cada nuevo descubrimiento trae consigo una multitud de incógnitas por resolver.

La dinámica lampedusiana también opera en nuestra controvertida era de la comunicación global.

Es evidente que las cosas cambiaron: estamos más comunicados, aunque a veces de una manera muy superficial, y tenemos acceso a más información, a menudo de dudosa calidad y origen. Pero, a la vez, somos más accesibles y estamos más controlados. En la práctica, las nuevas tecnologías quizá resulten peor que los medios tradicionales de comunicación.

La clave de todo está en que este proceso de cambios sin transformaciones esenciales, con tendencia negativa, se repite sin trabas porque, como dejó escrito Lampedusa, no tenemos conciencia de que se produce: “Nosotros fuimos los Gatopardos, los Leones. Quienes nos sustituyan serán chacalitos y hienas, y todos, gatopardos, chacales y ovejas, continuaremos creyéndonos la sal de la tierra.”
Vida y muerte: la consciencia existencial
La muerte, sí, existía, no había duda, pero era cosa de los demás.
Giuseppe T. di Lampedusa: El gatopardo

Si se analiza la evolución del ser humano sobre la tierra podríamos concluir que se trata de un proceso biológico desnaturalizado. Es una tesis verosímil desde el punto de vista científico porque, en definitiva, no dejamos de ser una especie en desequilibrio con el medio de cultivo orgánico en el que nos desarrollamos.

En general, las explicaciones que damos al sentido real de nuestra existencia son ambiguas y simplistas, mientras los sistemas educativos y la religión se encargan de perpetuar esa visión tan estrecha. Mayoritariamente se acepta que nos creó un dios masculino, omnipotente y paternal, un protector autoritario que nos controla, nos juzga y nos condena implacablemente. Hay muchas posibilidades explicativas pero todas son teorías sin demostrar; este proceso vital escapa a una comprensión mental que funciona entre limitados parámetros de sintaxis y lógica racional.

¿Cuáles son nuestros pensamientos, nuestras motivaciones cotidianas, nuestros anhelos reales? La desatinada sociedad actual es factible porque los individuos que la sostienen carecen de conciencia existencial, se vive una falacia donde todo cambia vertiginosamente para que todo siga igual. Esa inconciencia es una de las desventajas del ser humano; el sometimiento se hace evidente cuando miramos alrededor y vemos nuestras pautas de relación y organización, nuestras rutinas y la manera como despilfarramos la energía y la vida.

El sistema de vida occidental nos induce a pasar gran parte de la existencia con la esperanza de la jubilación; estamos seguros de que, cuando ésta llegue, comenzará la verdadera vida, la que siempre quisimos vivir pero postergamos a cambio de una garantía de seguridad material. Sin embargo, aquellos que logran llegar al ansiado renacimiento en supuesta libertad subvencionada, se encuentran con realidades imprevistas como la certeza de la vejez, la pérdida de la voluntad y la inminencia de la muerte… Entonces, incluso llegan a echar de menos el yugo que les mantenía sujetos.

En El gatopardo se trata en profundidad el tema capital de la existencia humana: la actitud ante la vida y la muerte. Lampedusa plantea con claridad que “el problema auténtico consiste en poder vivir esta vida del espíritu en sus momentos más sublimes, más semejantes a la muerte”, porque sólo la certeza de la muerte da la conciencia existencial que permite vivir en plenitud. Muchas veces pensamos en la muerte como algo ajeno, un evento lejano que tiene más proximidad con los demás que con nosotros mismos. En realidad, sólo admitimos la muerte en el discurso teórico porque, como se lee en la novela, “el conocimiento de la muerte era puramente intelectual, era por así decirlo un dato de cultura y nada más, no una experiencia que les hubiese penetrado la médula de los huesos”.

Es posible que si llegáramos a asumir conscientemente que el nacimiento y la muerte forman parte de la vida, lograríamos comprender que, como expone Lampedusa, “todos nosotros, igualmente sometidos a la doble servidumbre del amor y de la muerte, somos iguales”. Entonces, ante la certidumbre de la igualdad y de la muerte, dejaríamos de comportarnos como criaturas únicas y privilegiadas que disponen de tiempo suficiente para dejar las cosas para mañana.

En definitiva, ser plenamente conscientes de que vamos a morir nos ubica en la existencia y nos da la tranquilidad necesaria para admitir nuestro destino: “Como siempre, la consideración de su muerte lo serenaba […]. Tal vez porque, en fin de cuentas, su muerte era el final del mundo.”
Un cambio verdadero
«Mientras hay muerte hay esperanza», pensó.
Giuseppe T. di Lampedusa: El gatopardo

¿Qué hacer para cambiar realmente? ¿Se podrá romper ese mecanismo, implacablemente lampedusiano, donde prevalece la simulación del cambio?

Será difícil, porque además de lograr la conciencia existencial, tendremos que probar nuestra capacidad para desarrollar una nueva visión del mundo que, necesariamente, rompa con todos los hábitos y prejuicios derivados de actitudes que parecen ser inherentes al ser humano. Será complicado descubrir la fórmula, pero no podemos perder la esperanza de encontrar el camino del cambio verdadero, superando gatopardismos y dinámicas lampedusianas.

Lo único seguro es que tendremos que cumplir el inexorable mandato biológico de la transformación energética para poder despertar en ese lugar, conocido y olvidado, que es la tabla de salvación del soñador de pesadillas. Pero, antes, es necesario creer en nuestras posibilidades, sin dudas ni miedos al fracaso. La búsqueda del cambio existencial conlleva el compromiso de realizar un trabajo personal trascendente que logre restablecer la conexión con nuestra verdadera naturaleza. Hay que poner en ello toda la voluntad, a sabiendas de que no tenemos muchas posibilidades de lograrlo. Como se dice en la tradición zen, hay varios caminos para subir a la montaña, pero lo difícil es tener la voluntad necesaria para recorrerlos y alcanzar el satori (la iluminación). Una vez en la cima, sólo es cuestión de lanzarse al vacío: la conciencia lograda durante el largo ascenso nos dará la fuerza necesaria para levantar el vuelo.












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domingo, 4 de diciembre de 2011

Trabajos Publicados

En la revista Educación y Biblioteca:

  • "Bukowski y las Bibliotecas: Las fuentes que emborracharon al bebedor".

    EDUCACIÓN Y BIBLIOTECA

    Año 14, nº 127 enero/febrero de 2002. Pp. 6-15.

    TILDE Servicios Editoriales S.A. 

    Madrid

    Revista en PDF:
    [PDF] 

    AÑO 14 Nº 127 ENERO - FEBRERO 2002 

    gredos.usal.es/jspui/bitstream/10366/108863/1/EB14_N127.pdf

    Artículo recomendado por el Ministerio de Educación y Ciencia de España: http://recursos.cnice.mec.es/lengua/profesores/eso3/metodologia.htm


  • "Dossier: la Biblioteca Popular Circulante de Castropol". 

    EDUCACIÓN Y BIBLIOTECA

    Año 15, nº. 133 Enero/Febrero de 2003. Pp. 59-98.

    TILDE Servicios Editoriales S.A.

    Madrid



  • "Alejandro Casona Educador. El  Teatro del Pueblo y las Misiones Pedagógicas".

EDUCACIÓN Y BIBLIOTECA

Año 16, nº. 141 Mayo/Junio de 2004. Pp. 44-50.

TILDE Servicios Editoriales S.A.

Madrid

Revista en PDF:

gredos.usal.es/jspui/bitstream/10366/108880/1/EB16_N141.pdf



  • "Francisco Gamoneda: Librero, Archivero y Bibliotecario. El conocimiento como trama de una existencia".

  • EDUCACIÓN Y BIBLIOTECA

    Año 18, nº. 151 Enero/Febrero de 2006. Pp. 49-80.

    TILDE Servicios Editoriales S.A.

    Madrid

  • "Congreso sobre el exilio".


En la revista Biblioteca de México:

  • "Bukowski y las Bibliotecas"
  • "José Vasconcelos: Los años del exilio europeo"
  • "Un discurso de Vasconcelos"


En la revista El Bibliotecario:

  • Francisco Gamoneda. Biografía de un bibliotecólogo. (I). Número 76
  • Francisco Gamoneda. Biografía de un bibliotecólogo. (y II). Número 77, febrero-abril 2010.




En la revista Asturies: Memoria encesa d'un país:


  • "El Aldeano, un periódicu comarcal de vanguardia". Nº 19.  Uvieu, Asturies (2005).




En el diario La Nueva España:

  • "Luis Cernuda y las Misiones Pedagógicas"
  • "Vasconcelos en Asturias"
  • "Libreros Asturianos en México (I)"
  • "Libreros Asturianos en México (y II)"
  • "Asturias protagonista en el Congreso sobre el exilio republicano en México"


En revistas en la Red:


Abareque


  •  “Una  Red de  Bibliotecas  al  servicio del  pueblo:  Biblioteca  Popular  Circulante  de Castropol  (1922-1936)”  [En  línea]  http://www.educastur.princast.es/cpr/oviedo/abareque/muestra_sec.html